Antroposofia


Qué es la Antroposofía

“Antroposofía es un camino de conocimiento que quisiera conducir lo espiritual en el ser humano a lo espiritual en el Universo”. R. Steiner

La Antroposofía es una corriente de pensamiento fundada por Rudolf Steiner (ver artículo "Rudolf Steiner, el padre de la Antroposofía") tras desvincularse éste de la Sociedad Teosófica en 1909. Como su propia etimología indica (del griego:antropo=hombre y sofía=sabiduría, conocimiento) la Antroposofía tiene como objeto el conocimiento del ser humano en toda su entidad, y estudia todos los ámbitos de éste, tanto su corporeidad como su espiritualidad.

La Antroposofía no es una religión, ni una doctrina, ni un conjunto de supersticiones sobre el cuerpo y el espíritu; es una manera de entender al ser humano y un camino para la evolución y el perfeccionamiento interior de éste, pero es también una forma de ver el mundo, un método de investigación riguroso para conocer mejor lo físico, lo anímico y una vía para alcanzar las realidades suprasensibles de forma consciente.

La Antroposofía actualmente se extiende por toda Europa (especialmente en países como Suiza, Alemania, Holanda y Bélgica) y Sudamérica (sobre todo en Argentina), con aplicaciones en áreas tan dispares y sin embargo conectadas como la Filosofía y Teología, la Pedagogía (con las escuelas Walldorf, de las que existen unas 80 en todo el mundo), la Medicina Antroposófica, la Arquitectura (con el centro de Dornach-Suiza como ejemplo más significativo), la Agricultura biológico dinámica, la Euritmia como vía de salud a través del movimiento, etc... En España la Antroposofía es aún algo incipiente, cuyo desarrollo queremos fomentar desde aquí dándoosla a conocer.

El desarrollo espiritual es para todos

El aprendizaje espiritual que propone la Antroposofía está basado en el hombre moderno, y cualquiera de nosotros puede iniciar el camino del conocimiento de los mundos suprasensibles, siempre que esté dispuesto/a a trabajar con voluntad, conciencia y perseverancia su crecimiento personal; nos referimos al desarrollo no de una parte de sí mismo/a sino de su ser integral.

Según la Antroposofía, el ser humano está dotado de un cuerpo físico, un cuerpo etérico, un cuerpo astral y un yo superior. No todos los seres vivos están divividos en estos cuatro cuerpos; las plantas, además del físico, sólo tienen un cuerpo etérico, sin el cual carecerían de vida; los animales poseen también un cuerpo astral, pero no un yo individual; los seres humanos somos los únicos dotados de todos los cuerpos, físico, etérico, astral y yo superior, y es este último el que nos diferencia y separa del resto de las especies. Con el cuerpo físico –nuestra parte más perecedera, formada de la misma materia con que está compuesto el mundo sensorial, el que percibimos a través de nuestros sentidos– interactuamos con el entorno físico; el cuerpo etérico es, digámoslo así, nuestro cuerpo vital, un cuerpo en el tiempo basado en el ritmo y lo primero que percibimos cuando accedemos a un entorno más allá de lo físico; el cuerpo astral es el que nos permite participar del mundo anímico, el responsable de nuestra antipatía y simpatía hacia lo que nos rodea; por último, el yo superior –nuestra parte imperecedera, nuestro fragmento de divinidad– es quien nos guía en cada una de nuestras encarnaciones con el fin de ayudarnos a evolucionar.

Las sucesivas encarnaciones o reencarnación es uno de los puntos clave de la Antroposofía. Muchas personas tienen una idea equivocada de la reencarnación, han oído fragmentos sesgados y/o tergiversados de esta creencia cuyo origen se pierde en el pasado lejano de la Humanidad y se hacen una idea confusa, errónea y a menudo disparatada de este tema. Somos seres eternos en continua evolución; existen ciertas cosas que no se pueden aprender sino aquí, en la Tierra, en lo físico, mediante una vida mortal, es decir, encarnados en un cuerpo físico perecedero. El Karma, concepto estrechamente relacionado con la idea de reencarnación, es un impulso que mueve el comienzo de nuestra vida y determina las posibilidades, límites, situaciones y relaciones iniciales; en nuestra infancia es más fuerte pero, a medida que crecemos y con nosotros crece también nuestra autonomía como seres humanos, ese impuso es cada vez más débil, siendo nosotros cada vez más dueños de nuestro propio destino. Este impulso kármico viene determinado por lo que hemos hecho con nuestra vida anterior y sirve para regular y equilibrar pasado y presente, siempre con el objetivo de la evolución espiritual. Si pudiéramos elevarnos, prescindir del tiempo y conseguir una visión de conjunto más allá de los límites del momento y vida presentes, veríamos que toda acción provoca un efecto, y esta relación causa-efecto no se restringe al espacio de una sola encarnación; veríamos que todo lo que nos pasa tiene un motivo y un sentido, y sentiríamos de forma clara e inequívoca la enorme responsabilidad que implican todos y cada uno de nuestros actos.

¿Y para qué esta evolución?, ¿a dónde nos lleva este camino de encarnaciones y desencarnaciones, este ciclo que parece no tener fin? Según la Antroposofía, los seres humanos de nuestra civilización estaríamos llamado a ser la décima jerarquía en la escala de entidades celestiales, al igual que la novena jerarquía trabajó por su evolución en tiempos pasados guiada por la octava y, al igual que ellos nos guían ahora, nosotros habremos de prestar ayuda a los seres de la siguiente civilización en su evolución.

Nuestras aportaciones

La Antroposofía no sólo se encarga de la investigación de los mundos suprasensibles sino de los seres que habitan en ellos, así como del origen y evolución de los mundos y de sus moradores. Antiguamente, esto es en el comienzo de nuestra civilización, los seres humanos se encontraban en contacto natural con las jerarquías celestiales, su percepción de los mundos espirituales se hayaba abierta. Esa facultad natural se ha ido cerrando con el paso de los siglos, haciendo que el ser humano se independice de la divinidad, es decir, debemos recorrer el camino de la evolución solos, con conciencia y a ciegas; es nuestra labor recuperar la percepción espiritual pero desde una conciencia más clara, más desarrollada y desde la Libertad. “Libertad”, “Conciencia” y “Amor” son tres conceptos clave para el ser humano actual, pues ésa será nuestra aportación universal.

Según la Antroposofía, el Cristianismo inicial nos da un ejemplo de hacia donde vamos, pues Cristo dio a la Humanidad el primer ejemplo a través de la superación de lo físico viviendo en lo físico, y nos entregó la clave de nuestro cometido en esta época, un mensaje de Amor y de Libertad: Amor hacia todos y todo lo que nos rodea, y la posibilidad de liberación de lo físico. El tema del impulso crístico, sin embargo, es mucho más complejo y no nos es posible trazarlo en un párrafo recogiendo toda su complejidad y profundidad.

Por otra parte, el hecho de haber caído de las manos divinas para buscar nuestro camino en libertad, explica la presencia del Bien y del Mal; sin estos dos polos la elección no es posible y por consiguiente tampoco lo es la libertad. Tenemos el poder de elegir –aunque no siempre lo sintamos así–, pero también la responsabilidad, pues cada una de nuestras elecciones, aun la más insignificante, inclina la balanza hacia un lado o hacia el otro, y conduce a la Humanidad hacia el destino para el que ha sido creada o hacia el caos y la autodestrucción.

La Antroposofía es, como decíamos, una vía para la evolución personal, un camino individual pero en el que debemos tener conciencia clara de nuestra pertenencia indisoluble a un total; le Antroposofía supone una guía que puede ayudarnos a abrir los ojos, cobrar conciencia de nuestro lugar en el mundo y de la necesidad espiritual de cumplir con el destino para el que cada uno de nosotros ha nacido.
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Rudolf Steiner, padre de la Antroposofía



El 27 de Febrero del año 1861 es el día en que Rudolf Steiner vio la luz por primera vez en la ciudad de Kraljevic, Austria-Hungría, actual Eslovenia. Su niñez transcurrió en distintos pueblos austriacos y su educación en colegios religiosos que afectaron su especial sensibilidad, motivo por el cual su padre asumió finalmente la educación de este niño dotado desde temprana edad no sólo de una gran sensibilidad sino también de facultades clarividentes.


Ya en la escuela secundaria optó por la rama de ciencias, aunque más adelante ampliaría considerablemente sus conocimientos en Filosofía y Literatura de forma independiente. Dio clases particulares a sus propios compañeros y realizó estudios superiores en el Colegio Técnico de la Universidad de Viena (Wiener Technishe Hoschschule). Como preceptor de cuatro niños de una familia acomodada de Viena dejó patentes sus especiales dotes lectivas al ayudar a uno de ellos, hidrocefácilo e incapaz de aprender, a ingresar en la Facultad de Medicina.

Estudió Matemáticas y en 1891 se doctoró en Filosofía por la Universidad de Rostock con “Verdad y Ciencia” mientras trabajaba con los archivos de Goethe en Weimar para pasar a la edición de sus textos científicos para la Deutsche National Literatur del Kuerschner. Además de la obra científica de Goethe, editó obras de Schopenhauer y Nietzsche, fue autor de casi treinta libros, entre ellso cuatro dramas de misterio que no sólo escribió sino también dirigió en Munich entre 1910 y 1913, y dio aproximadamente seis mil charlas. Sus trabajos sobre la teoría del color basados en su estudio del pensamiento de Goethe influenciaron al pintor ruso Kandinsky.

Entre sus colaboraciones y edición de medios impresos se pueden contar la revista alemana “EL Semanal” (Wochenschrift), creada en 1888; la “Revista de Literatura”, con la que empezó a colaborar en 1897; el periódico “El Drama” (Dramaturgische Blätter), el periódico “Lucifer”, que fundó en 1903 y que más tarde pasó a llamarse “Lucifer-Gnosis”, y el semanal “Das Goetheanun”, que llegó a incluir en cada número fragmentos de su autobiografía.

Fue en una de estas revistas, la “Revista de Literatura”, donde apareció un artículo titulado “La serpiente verde y el hermoso lirio”, firmado por Steiner y que leyó el Conde Brockdorff, interesándole hasta tal punto que lo invitó a dar su primera conferencia esotérica en un círculo teosófico. Este fue el principio de un largo periodo de colaboración con la Sociedad Teosófica de Berlín que duró diez años y durante el cual fue nombrado, en 1902, Secretario General. En 1909 Steiner se desvinculaba de esta sociedad a causa de la declaración de Annie Bessant de que Krishnamurti es el Cristo reencarnado, siendo posteriormente desmentido por el propio Krishnamurti. A partir de este momento, Rudolf Steiner funda lo que llamó “Antroposofía”, ciencia espiritual que ha sido descrita por él mismo como un camino de conocimiento que puede guiar de lo espiritual en el ser humano a lo espiritual en el universo.

Steiner ha ofrecido a la Humanidad tan numerosas como valiosas aportaciones a disciplinas y terrenos tan diversos como las Matemáticas, la Astronomía, la Ciencia y la Medicina, con sus pautas para la medicina antroposófica, la educación, donde destaca la creación de las Escuelas Waldorf, la Teología, Filosofía, drama y danza, con su nuevo concepto del Arte en Movimiento, al que denominó “Euritmia”, la Economía, la Política, la agricultura con su idea para la agricultura biológico-dinámica, la ganadería... Una de sus más conocidas y prestigiosas aportaciones la encontramos en el ámbito de la arquitectura, con la construcción del Goetheanum, íntegramente de madera y con estructura corporativa. Este edificio fue quemado intencionadamente en 1922 y Steiner diseñó los planos para la construcción del segundo Goetheanum, cuyo acabado no puedo presenciar. Ambos edificios fueron levantados en Suiza, y el segundo aún funciona en la ciudad de Dornach, sirviendo como sede central de la Sociedad Antroposófica; este edificio alberga una lista completa de sus numerosas obras, así como de las transcripciones de las conferencias que dio a lo largo de su vida.
En medio de su incesante labor, con los planos del segundo Goetheanum sobre la colcha y junto a la estatua del Cristo venciendo a las fuerzas negativas de Arriman que él mismo esculpió, el maestro Rudolf Steiner moría el 30 de marzo de 1925 a causa del cáncer, dejando vioda a Marie von Sievers, Marie Steiner desde 1914, esposa y colaboradora gracias a la cual se publicarían muchos de los textos correspondientes a sus múltiples y magistrales conferencias.